SEIK
La reunión de hoy va a ser de todo menos tranquila. Lo sé.
Algunos soldados veteranos me han informado que el anciano Relek, el beta de mi padre y padre de Elisabeth, ha estado hablando con los ancianos de manera individual…
De algo estoy seguro: no me va a gustar.
Avanzo hacia el asiento principal —el que perteneció a mi padre hasta hace apenas dos semanas— con la espalda recta, el mentón en alto y cada sentido en tensión. A cada paso, las miradas se clavan en mí: algunas con respeto,