—No quiero que imagines que traté de matarte al llevarte a la poza —mientras lloraba escuchar sus locuras me hace sonreír y mis hombros tiemblan—. Debo decirte que cuando sonríes es hermoso.
—Eso me dicen —logré formular y pasé la mano por mis ojos.
No puedo dejar de pensar en Kendrick. Todo me lleva a él, mi odioso, ama mi sonrisa y cierro los ojos. «Odioso, siempre estás presente, siempre», mi mente es un caos.
—Pues créele —giré de golpe por sus palabras y él alzó sus manos en defensa—, no