La llamada llegó a las cuatro de la madrugada.
El tono del marido de María decía que todo estaba bien antes de decir las palabras.
Isadora lo supo en el primer segundo. No por el contenido de la llamada, que fue breve y clara y sin dramatismo. Sino por el timbre específico de la voz de Andrés, que era la voz de alguien que ha pasado por algo grande y está saliendo al otro lado y sabe que está saliendo.
—Nació —dijo Andrés—. Sana. Tres kilos doscientos. María está bien.
Isadora se sentó en la ca