La noche antes del discurso, el silencio no estaba invitado.
La familia completa había invadido la suite ejecutiva que Naciones Unidas le había asignado a Isadora en el Hotel de la Paix, en Ginebra. El espacio, diseñado para el aislamiento diplomático de alto nivel, se había convertido en un caos doméstico de abrigos, maletas y risas.
Dante había ignorado por completo el menú del servicio de habitaciones.
Había bajado a las cocinas del hotel, había negociado en francés fluido con el chef ejecut