La prisión federal olía a desinfectante industrial y a arrepentimientos que llegaban demasiado tarde.
Isadora caminaba por el pasillo de visitas flanqueada por sus hermanas, cada paso resonando contra el concreto pulido. A su izquierda, Sofía mantenía la postura erguida de quien ha aprendido a no mostrar debilidad. A su derecha, María apretaba un maletín contra su pecho, sus nudillos blancos delatando la tensión que su rostro se negaba a mostrar.
Dante las seguía a tres pasos de distancia, lo s