La carta del despacho del Senador Arturo Velarde llegó un martes.
Sin membrete oficial. Sin el sello en relieve del papel del Senado que habría requerido que el documento fuera archivado en los registros de correspondencia institucional. Solo papel blanco de alta calidad, un logo pequeño en la esquina superior izquierda que pertenecía al despacho privado del senador, y una firma que alguien había calculado para que pareciera informal sin serlo.
La carta pedía la retirada de material difamatorio