En la inmensa metrópoli financiera de New York, despertaba un descansado Ceo llamado Erick Volkov, había tenido un sueño húmedo, un sueño con su luna, sin embargo, no había podido ver su rostro, solo las sabanas húmedas de su semen corroboraban que disfrutó de hacer el amor con ella, pues estaba pegajosa, oliendo a su hombría, se quedó allí con los brazos cruzados detrás de su cabeza, cerrando sus ojos recordando sus gemidos, sus embestidas, como sentía ese calor de su coño húmedo y caliente.
P