Ese grito hizo poner en alerta a los lobos, se levantaron a toda prisa para observar el perímetro. Oteaban sin descanso por todos lados, pero, no veían nada. Después de lanzar el grito de sorpresa corrió a toda velocidad hacia su cueva. Entró hasta llegar al medio, respiraba rápidamente, su corazón latía a mil por hora, sus puños estaban cerrados ya blanquecinos por la tremenda fuerza en ellos.
Damián resoplaba a todo pulmón, hasta que comenzó a hablar enojado.
—Mi padre ¡Me mintió! Pero ¿por q