El mensaje de Carmen ardía en mi teléfono como una herida abierta. "Te veré pronto. Muy pronto."
No era una amenaza vacía. Era una promesa.
Sebastián leyó el mensaje sobre mi hombro, su mandíbula apretándose visiblemente.
—Sabía que era una trampa desde el principio.
—O alguien le avisó antes de que Estrada pudiera hacerlo.
—¿Quién más sabía del plan?
—Nosotros dos. Carolina. Patricia. Solano.
Los nombres flotaron en el aire, cada uno cargado de implicaciones que ninguno quería verbalizar. Si ha