Mónica eligió el lugar: un café en la colonia Condesa, abierto y ruidoso, el tipo de lugar donde una conversación privada se esconde en el volumen general.
Llegó antes que Valentina.
Estaba sentada frente a un café que no había tocado, con el bolso sobre la mesa y la postura de alguien que se ha preparado para una discusión y está dispuesta a tenerla.
Valentina se sentó.
No pidió nada.
—Cuánto tiempo llevas con ellas —dijo. No era pregunta.
—Desde que Alejandro las metió en la caja de seguridad