Después del grupo, Emma pasó dos semanas sin un problema que resolver.
No era la primera vez.
Los períodos sin problema activo siempre producían en Emma el mismo efecto: el sistema buscaba algo en qué aplicarse. Era un patrón que Emma había identificado a los diez años y que a los trece ya no le generaba ansiedad. Solo la curiosidad de ver adónde la llevaba el sistema cuando no tenía obstáculo que sortear.
Esta vez el sistema la llevó al proyecto de ciencias sociales.
La maestra había asignado