Carolina la mandó a casa el martes.
No como sugerencia. Como instrucción.
Valentina llevaba tres semanas operando con la combinación específica de la transición de la Fundación, el seguimiento de la joint venture en Chile, el trimestre de Grupo Esperanza-Duarte y las sesiones de terapia de pareja, y el sistema que había cedido un poco en junio había vuelto a tensarse de una manera que era visible para cualquier persona que la mirara de cerca con suficiente atención.
Carolina era esa persona.
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