Evelyn
Me quedo dormida sin darme cuenta, sentada en el sofá con el teléfono todavía en la mano, esperando el sonido de la cerradura, el paso de Nathaniel entrando al departamento, cualquier señal que me diga que no me equivoqué al creer en él. La luz del salón queda encendida toda la noche y cuando abro los ojos, la claridad gris del amanecer entra por las cortinas, pesada, fría, y él no está.
Miro el reloj, las siete y veinte. No hay mensajes, no hay llamadas perdidas, no hay explicación.
Me