Clara
Estoy sentada en la sala de espera de la clínica con las manos entrelazadas tan fuerte que los nudillos se me han puesto blancos, mirando cada pocos segundos la puerta de la habitación donde está Liam, intentando descifrar los sonidos de las máquinas como si pudiera leer en ellos el futuro. Cuando el teléfono vibra en mi mano y veo el mensaje de Evelyn: “Vamos para allá” siento que el suelo se me mueve bajo los pies.
Por un segundo pienso que voy a desmayarme, mi cuerpo no va a soportar e