Evelyn
Cuelgo y me quedo un segundo con el teléfono pegado a la oreja. La pantalla se oscurece, pero mi mente no, mi mente sigue viendo a Liam y el parecido que ya es imposible fingir que no existe. Respiro hondo y aun así siento que el aire no llega completo. No porque me sorprenda lo que Clara acaba de decirme, sino porque lo vuelve urgente, lo vuelve real de una forma que ya no puedo administrar con calma. Un niño enfermo no espera a que una mujer ordene su desastre sentimental.
Estoy en el