Evelyn
Vuelvo en mí con una presión incómoda en la cabeza, como si alguien hubiera bajado el volumen del mundo demasiado de golpe. No abro los ojos enseguida, primero reconozco el sonido de las voces como murmullos lejanos. Cuando finalmente parpadeo, el techo blanco se define sobre mí.
No estoy en un hospital sino en una de las oficinas privadas de la empresa, esas que se usan para reuniones confidenciales o crisis que no deben trascender. El sillón en el que me recostaron no es cómodo, pero a