Evelyn
Nathaniel se incorpora de golpe cuando vuelven a sonar los golpes en la puerta. El movimiento es rápido, contenido, como si el cuerpo reaccionara antes que la cabeza. Yo también me muevo, aunque con más lentitud, exagerando el mareo, dejando caer la espalda contra el colchón como si todavía no me hubiera recuperado del todo.
—Quédate —susurra—. No te muevas.
Asiento apenas, acomodándome el cabello, buscando parecer más frágil de lo que realmente me siento. Nathaniel se pasa una mano por