Gerard no esperó a que la policía hiciera su papeleo. Al llegar al penthouse con Sofía, mandó a triplicar la seguridad y la dejó descansando en la cama, bien cuidada por hombres armados. Con el rostro completamente serio y el corazón lleno de rabia, salió de allí directo a la mansión familiar. Sabía perfectamente quién estaba detrás de todo esto.
Entró a la propiedad como un torbellino, subió las escaleras a grandes zancadas y empujó con fuerza las puertas de la habitación de Joel. El golpe d