Gerard abrió los ojos lentamente, dejando atrás el sueño profundo que lo había mantenido relajado durante la noche. Al ver a Sofía sentada a su lado, observándolo con esa mirada suave que solo compartían en la intimidad, una sonrisa genuina iluminó su rostro. No era la sonrisa calculadora que mostraba en las juntas de negocios, sino una cargada de afecto y tranquilidad.
—Buenos días —murmuró él con la voz todavía ronca por el sueño, sin dejar de mirarla.
Sofía le devolvió la sonrisa y, co