No tarde mucho en llegar al orgasmo y unos cuantos minutos después lo hizo Alexey. Nuestras respiraciones estaban agitadas, los cuerpos sudoroses y al menos de mi parte, me sentía muy confundida. Quise decir algo para que se sintiera menos incomoda la situación. Pero las palabras no llegaban a mi lengua. Lo único que hice fue mirarlo.
—¿Te sientes bien? —preguntó Alexey, sonaba preocupado. —¿Acaso te hice daño? Por favor, dime algo. —exigió dejándome en el piso. Tomé rápidamente mis pantalones