La cena fue deliciosa, yo pedí un risotto de zanahoria y Theo una pasta a la carbonara. Pasamos todo con una buena copa de vino y quedamos tan llenos, que tuvimos que rechazar el postre. Luego de pagar la cuenta, nos despedimos en la entrada del local. Iba a montarme en el auto, pero entonces me di cuenta que faltaba algo en mi cuerpo.
—¡Deje en mi bolso en el restaurante! —exclame para mí misma, volví rápidamente a buscarlo y respire aliviada cuando lo vi en la mesa que usamos. Con cuidado lo