—Probablemente. Aunque secretamente estarán felices de que hubiese logrado ponerle los pelos de punta a Alexey Volkov. —Me lanzó una sonrisa pícara que no dude en imitar. —Lamentablemente tendré que confesarles que no fue obra mía, sino de su joven e inteligente esposa. —declaró en un tono de fingido dolor.
—No sé preocupe, su secreto estará a salvo conmigo. —asegure guiñándole un ojo. El ritmo de la música cambio y Yukata-san tomó una de mis manos entre la suya y empezó a deslizarnos por toda