Dos de los guardias a cargo de la seguridad de La Costra Nostra aparecieron en las escaleras. Ambos nos miraban de forma suspicaz. No perdí tiempo y los detalle rápidamente.
Uno ya alcanzaba la mediana edad y el otro era prácticamente un niño. Aunque claro, seguramente el primero tendría menos años de los que aparentaba y su compañero más de los que lo podían detallarse a simple vista.
—¿Puedo ayudarlas en algo señoritas? —preguntó de forma cordial. Su tono de voz no concordaba para nada con el