Los ojos de Alexey se inyectaron en rabia de nuevo. Y antes de que hablara ya sabía cual sería su respuesta. De todas formas, ya la había mencionado con anterioridad cuando me exigió que entrenara al resto. Levante la barbilla, no le daría la satisfacción de verme amedrentada u asustada. Era Amaranta Ivankova, nadie podía intimidarme.
—Absolutamente no. —dijo dejando caer el puño en la mesa. —No dejare el éxito de esta operación en manos de una novata. —afirmó repitiendo las mismas palabras. Qu