Por fin había llegado el día de la fiesta que darían los italianos. Cada una de las chicas conocía a la perfección su papel. El plan ya estaba trazado y no existía espacio para errores. Si algo salía mal, por mínimo que fuese, nuestras cabezas volarían.
—Acérquense, quiero asegurarme de repasar todo una última vez. —Les dije a las muchachas. Había venido temprano al club para ayudarlas a prepararse, de aquí cada una saldría por separado a la celebración. Así no levantaríamos sospechas.
El plan