Me quede sin palabras, aunque lo más correcto sería decir que las suyas me envolvieron. Por supuesto que no tenían nada que ver conmigo y aun así, las pronunció de una forma tan intima que por unos segundos me permití creer que así era.
Sacudí la cabeza. Solo un demente podía pensar tal cosa.
—Entonces, espero que tus intereses estén protegidos. —Iba a darme la vuelta para regresar a mi habitación, pero su mano se detuvo en mi brazo. Enarque una ceja en su dirección. —¿Sucede algo? —pregunte co