Salvatore abrazó a Isabella, sin ganas de dejarla ir. Ese era su lugar favorito en el mundo, junto a la mujer que amaba.
Sonrió divertido, casi podía escuchar a su hermana burlándose de él. Tantas veces había jurado y perjurado que jamás perdería la cabeza por una mujer y ahora sus palabras habían regresado para darle una patada en el traser0.
«Es perfecta. ¿No lo crees? — preguntó a su hermana donde sea que estuviera».
Se preguntó qué es lo que habría pasado si no se hubiera casado esa noche