Dos días después, el calor de la ciudad se sentía como un vapor pesado que se pegaba a la piel, haciendo que el ambiente fuera aún más sofocante. La fachada de piedra gris de la funeraria estaba rodeada de coronas de flores blancas, pero lo que realmente marcaba el perímetro no eran los arreglos fúnebres, sino la marea de periodistas, fotógrafos y camarógrafos que se agolpaban tras las vallas de seguridad.
Los buitres de la prensa rosa y