Arianna
Me puse la pastilla en la lengua y la tragué con agua. Era la última del día. Mi estómago rugió, suplicando por comida, pero le había pedido a Gina que se fuera antes de que tuviera tiempo de preparar la cena y yo no tenía fuerzas para cocinar.
Hoy no había querido ver a nadie. De hecho, durante los últimos tres días no había querido ver a nadie. Éramos solo mi soledad y yo. Enzo había regresado al punto de partida, a esos días en los que llegaba pasada la medianoche y se marchaba al am