—¡Vete al diablo, Enzo!
Sus gritos se ecoan en la habitación y me río de la ironía de la situación. Hace unos minutos sentía que flotaba en medio de una paz nunca antes experimentada y, en menos de nada, hemos pasado al caos absoluto.
Lo más extraño de todo es que estoy descubriendo que me encanta. Amo la intensidad de lo que sea que se está construyendo entre nosotros.
—¿Por qué no nos saltamos la escena y pides lo que realmente quieres?
—No tengo la menor idea de qué carajos estás hablando.
—