Arianna
Arianna
Me quedé mirando el dedo debajo de mi barbilla; la ligera presión me obligaba a sostenerle la mirada a Enzo. Sus ojos oscuros examinaron mi rostro con una intensidad inquietante.
—Lo sé todo sobre ti, Arianna —dijo en voz baja, con una voz firme pero cargada—. Eres mi esposa. No podía casarme sin saberlo todo primero.
Las palabras me provocaron un escalofrío por la columna. Se sentía como si pudiera desnudarme con solo esa mirada.
—Qué gracioso —le solté, con un tono impregnado