A las tres de la tarde,
Silvina y Alicia regresaron del supermercado entre risas, mientras Tomás abría el maletero del coche para bajar las bolsas con los alimentos recién comprados.
Los tres aún no habían entrado en casa cuando comenzaron a oír gritos provenientes de la casa de al lado. Un grupo de vecinos ya se había reunido para ver el alboroto.
—¿Qué está pasando? —preguntó Alicia con curiosidad.
Silvina también se sintió intrigada. Si no estuviera embarazada, habría querido ir a mirar qué