El calvo abrió los ojos con molestia al oír a Liliana y entonces, con gesto reclamante, le pellizcó con fuerza el pecho y dijo: —¡Zorra, solo sabes provocarme!
Liliana lo miró con gesto insinuante y respondió: —Señor Moreno, ¿se acuerda de las acciones de las que le hablé la última vez…?
El calvo se rió complacido y contestó: —¿No te dije ya? Si me dejas satisfecho, esas acciones pasarán a tu nombre.
Los ojos de Liliana se iluminaron de inmediato; ella se apoyó en el hombre con aire sugerente y