Silvina llevaba puesto un delantal mientras terminaba la última olla de sopa. Con la ayuda de Janet, la sirvió con cuidado en un delicado cuenco de porcelana.
En ese momento se escuchó el sonido de la puerta abriéndose, seguido por las voces de los sirvientes saludando:
—El joven señor ha regresado.
Al oír aquellas palabras, Silvina se quitó de inmediato el delantal y salió la primera a recibirlo.
Leonel no había visto a Silvina en todo el día. En el instante en que la vio, toda la frialdad de