Todos fueron entrando uno a uno en la casa.
Apenas cruzó la puerta, Silvina sintió una oleada de calor envolvente.
Una criada se apresuró a ofrecerle una taza de caldo caliente para que entrara en calor.
Silvina bajó la mirada, tomó un sorbo y sonrió satisfecha.
—El caldo de la casa de mi tía tiene un sabor muy especial —comentó con tono alegre—.
Ayer, en casa de la abuela, probé el té que mi tío trajo de Sudáfrica y me encantó.
Mamá vio que no podía resistirme y dijo que me traería a su casa p