Camille observó a Silvina con curiosidad.
—Silvina, ¿qué te pasa? ¿Qué estás mirando?
Camille siguió la dirección de su mirada, pero allí no había nadie.
Silvina negó con la cabeza y respondió con una sonrisa tranquila:
—Nada. Ya hemos comprado suficiente. Será mejor que volvamos.
Ya que tenemos nuestra propia cocina, hagamos el almuerzo nosotras mismas.
—¡Perfecto! —exclamó Tania entusiasmada—. ¡Me encanta cocinar con mis propias manos!
Silvina miró hacia adelante y vio a Alicia y Armando disc