Tomás dio un paso al costado con un movimiento ágil.
—Señor presidente, ¿qué hacemos con Liliana? —preguntó con cautela.
Leonel se quitó lentamente la máscara.
Todavía permanecía sumido en los ecos del encuentro con Silvina; sin embargo, al oír el nombre de Liliana, toda la ternura y melancolía que había en su mirada se desvanecieron al instante, dejando solo frialdad.
—Ya que vino sin ser invitada —dijo con calma, pero con un tono que no admitía réplica—, déjala descansar" unos días a bordo.
S