El rostro de Silvina se volvió aún más pálido.
—Pero el hijo de la familia Muñoz no puede perder su apellido —afirmó la señora Muñoz con tono categórico—. El niño que llevas en tu vientre debe llevar el apellido Muñoz. Será entregado a Liliana para que lo críe, eso no debe preocuparte.
Silvina sintió un dolor desgarrador.
En ese instante, mientras era injustamente acusada, ni siquiera podía defenderse.
En el fondo, ¿no lo había presentido desde el principio?
Ella había sido demasiado codiciosa,