Leonel tampoco regresó temprano.
Al ver que Silvina ya estaba dormida, el corazón de Leonel se ablandó de inmediato.
Sin querer despertarla, bajó el ritmo de sus movimientos, se aseó en silencio y luego se acostó, abrazándola con sumo cuidado hasta quedarse dormido junto a ella.
Justo cuando la luz del cuarto de Leonel y Silvina se apagó, Liliana, que estaba de pie afuera de la ventana, rompió a llorar desconsoladamente.
A su lado, Santiago comentó con resignación:
—Liliana, mejor sería que ren