La voz de Leonel se volvió más grave, resonando suavemente junto al oído de Silvina:
—Es nuestro primer par de sortijas. ¿No quieres tomar una foto para recordarlo?
—¿Ah… ah? —Silvina alzó la cabeza de golpe, pero solo alcanzó a ver sus párpados bajando, sin descubrir la chispa de júbilo que se ocultaba tras aquella mirada deslumbrante.
Leonel sacó el móvil, tomó una foto de sus manos entrelazadas con los anillos puestos y recién entonces soltó la mano de Silvina.
Ella quedó un instante inmóvil