El Evento.
La luz no cae en este lugar: es colocada. Se dispone con precisión casi quirúrgica sobre cada superficie, sobre cada rostro, sobre cada gesto, como si incluso la iluminación hubiera sido instruida para obedecer una jerarquía invisible que yo todavía no comprendo del todo, pero que ya siento operando sobre mí con una claridad incómoda.
Todo brilla, pero no de forma cálida: es un brillo controlado, medido, diseñado para exponer sin permitir refugio. No hay sombras donde esconderse, no hay rincone