La Réplica.
Cierro la puerta con un cuidado que no responde a la necesidad de no hacer ruido, sino a la de no alterar nada que ya está demasiado dispuesto para ser observado.
El clic es mínimo, casi inexistente, pero aun así se siente como una marca en el aire, como una delimitación clara entre lo que ocurre afuera: donde todo se mueve bajo reglas visibles, y este espacio, donde el silencio no es ausencia, sino acumulación.
No enciendo todas las luces.
La iluminación tenue que entra desde la lámpara latera