Axel empujó la puerta principal de la mansión con un golpe seco, como si la madera tuviera la culpa del nudo que sentía en el pecho desde que salió del vehículo sin mirar atrás, aunque había esperado que Catalina asistiera a clase, no obstante aquello no ocurrió y él no iba a ser muy duro, no después de ver que estaba herida.
Había pasado toda la tarde en la universidad intentando concentrarse, pero era imposible: cada vez que alzaba la vista al reloj, una punzada de irritación lo atravesaba. ¿Sw habría ido directamente a la mansión? Él pensaba en ella y había algo que seguía ardiendo en su mente la última frase que ella le había dicho: “Tu esposa”. Como si esa palabra tuviera derecho a clavarse en él y moverle lo que no quería que se moviera.
Ni bien entró, Viviana apareció desde el pasillo, elegante como siempre, con su cabello recogido y un leve maquillaje que buscaba aparentar inocencia. Sonrió apenas, pero se congeló en cuanto vio el rostro de Axel. Él avanzaba con pasos largos y