Una camioneta negra avanzaba por la carretera secundaria con la suavidad de una bestia hambrienta acechando a su presa. Antonio mantenía ambas manos firmes sobre el volante, su expresión serena, casi relajada, contrastaba con la oscuridad que habitaba en sus pensamientos.
El paisaje pasaba veloz por la ventanilla: campos, colinas, ruinas, todo borroso ante su mirada afilada. Había esperado este momento con ansias. No importaba que Dante estuviera tras las rejas solo unas horas. No importaba si