Cuando Arthur pudo ver a su padre, cuatro horas después; yacía languidecido en la cama del hospital, conectado a cables y con una máquina que pitaba el funcionamiento de su corazón, más pálido y poroso de lo que su hijo recordaba. Seguía sin despertar de la anestesia.
-La cirugía fue exitosa. –anunció el doctor con voz cansada, armonizando con las bolsas de sus ojos. –El bypass coronario mejorará el flujo de sangre a su corazón, y le dará vía libre al oxígeno.
-¿Eso significa que estará bien?