Los días sucedieron en medio de un incómodo silencio, anunciando el ocaso moribundo del matrimonio. A penas se dirigían la palabra, y solo el azar lograba cruzar sus miradas. Coincidan pocas veces; ella trabajaba todo el día, y Arthur salía por las noches. Sin embargo, esa vez Lauren obligó el encuentro con su esposo, llegando a tiempo para la hora de la cena. Lo ayudó en la cocina a trocear los vegetales, y, para sorpresa de Arthur, puso la mesa. Si hubiese agudizado sus sentidos, supiera el v