Las ocho de la mañana del jueves.
La sala de reuniones del edificio adyacente huele a café y a polvo de obra que ninguna ventana abierta termina de sacar del todo. Diego llegó a las ocho menos cinco, que es su manera de llegar a las ocho: antes, con el tiempo suficiente para estar instalado antes de que empiece cualquier cosa. Camila llega a las ocho en punto, que es su manera: exacta, sin el margen que implica ansiedad.
Los planos as-built encima de la mesa. Los certificados de calidad en la c