El miércoles por la mañana, Andrés tiene el vuelo de vuelta a Buenos Aires a las doce y diez.
Sale del apartamento de Camila a las nueve y media con la maleta de ruedas y el polo azul marino que ya no es nuevo sino que ahora tiene once días de Madrid encima: el polvo de la obra de Lavapiés, el café derramado en el café de Lorena, el sol de julio en el Retiro. La maleta de quien fue a ver algo de verdad y lo vio.
Camila lo acompaña al taxi. No al aeropuerto, porque Andrés no es de los que necesi