Diego llega con los niños a las once de la mañana.
No al apartamento de Camila. Quedamos en el parque de Chamberí, el del paseo con los castaños que los niños conocen desde que empezaron a caminar. Diego me lo propuso el sábado por la tarde en un mensaje breve: el parque tiene menos protocolo que cualquiera de los dos pisos. No hay mesa donde sentarse de una manera determinada. No hay cocina que sea de alguien. Solo el suelo y los árboles y los niños que pueden moverse mientras los adultos habl