El martes a las once menos cuarto suena el teléfono.
Lorena.
Estoy en el estudio. Los planos del tercer edificio abiertos sobre la mesa grande. El café de las diez ya frío. El cuaderno de obra con las anotaciones del lunes que no hice el lunes sino esta mañana, copiadas a mano desde el borrador del teléfono porque ayer no llegué a pasarlas en limpio.
El trabajo hace lo que hace el trabajo cuando uno lo necesita de verdad: sigue. Con o sin el peso de debajo.
Descuelgo.
—Lorena.
—Camila. Hola. ¿T